El Dorado: lo que nos cuenta la leyenda

En la inmensa cosmogonía de los muiscas —civilización que floreció
Balsa muisca
| Nombre | Balsa muisca |
|---|---|
| Autor | Orfebre muisca. |
| Fecha de creación | Período tardío muisca (años 600 d.C - 1600 d. C.) |
| Denominación | Orfebrería |
| Técnica | Vaciado a la cera perdida. |
| Ubicación | <museo del oro, exposición permanente |
| Fecha de ingreso a la colección | abril de 1969 |
| Número de registro | O00015 |
| Dimensiones | 19,5 centímetros de largo por 10,1 de ancho y 10,2 de alto |
| Orígen | Muisca, encontrada en Pasca, Cundinamarca |
La balsa muisca es una pieza votiva de orfebrería atribuida a la cultura muisca, asentada en el el altiplano cundiboyacence. La balsa está fuertemente asociada a la leyenda de El Dorado y al encuentro entre conquistadores e indígenas. Apareció en el billete de dos pesos y fue encontrada en 1969 en una cueva ubicada en el páramo del municipio de Pasca, Cundinamarca, por Cruz María Dimaté, un campesino de la zona que encontró un recipiente de cerámica con varias piezas de oro en su interior (entre esas la Balsa muisca) y las entregó Jaime Hincapié Santamaría, párroco de Pasca, quien contactó al Banco de la República de Colombia, entidad que finalmente las adquirió para el Museo del Oro.
Descripción
La balsa muisca es la obra maestra de un orfebre de esta sociedad que habitó en tiempos prehispánicos en los altiplanos fríos y en algunas vertientes templadas de lo que hoy son los departamentos de Cundinamarca y Boyacá. No fue hecha como objeto de adorno o símbolo de estatus de algún cacique; se elaboró para ser ofrendada a los dioses, como un mensaje o una petición en representación de los muiscas, en una cueva. En efecto, fue hallada junto con otros objetos en una cueva de una cumbre que tiene una vista panorámica, al sur del territorio muisca, en Pasca.
Hoy la balsa es un símbolo de Colombia y de la identidad de los colombianos, quienes la reconocen como una obra maestra del ancestro indígena de su cultura mestiza.
Historia
Por los relatos de los cronistas españoles se sabe que, antes del contacto con Europa, cuando moría el cacique de este pueblo muisca su sobrino que lo sucedía en la jefatura era reconocido por su pueblo en una ceremonia que se hacia en un lago e incluía la navegación en una balsa de maderos y la ofrenda de piezas de oro y esmeraldas que se arrojaban a la laguna. La realidad de esta ceremonia se confirmó mediante el hallazgo de esta pieza en forma de balsa ceremonial que, no obstante, no se encontró en la laguna de Guatavita. Fue hallada, junto con otra importante figura votiva, a principios del año 1969 por tres campesinos dentro de una vasija de cerámica en el interior de una pequeña cueva en un páramo del municipio de Pasca, al sur de la ciudad de Bogotá. ¿Por qué se ofrendó allí la mejor obra hasta ahora conocida de esta cultura? Tal vez por ser este uno de los límites del territorio muisca hacia uno de los rumbos cardinales o cosmogónicos.
Antecedente: La balsa de Siecha
En 1856, en Siecha, los hermanos Joaquín y Bernardino Tovar desaguaron parcialmente esta laguna y encontraron una figura votiva en forma de balsa que asociaron inmediatamente con la ceremonia de El Dorado como la describieron los cronistas.
Hay que decir que la Balsa Muisca era conocida por los estudiosos del mundo un siglo antes de haber sido descubierta. Este objeto mítico fue en efecto precedido por otro semejante, de 162 gramos, la balsa hallada en la laguna de Siecha en 1856 y dada a conocer en 1883 por Liborio Zerda en su obra El Dorado. Zerda publicó un grabado de la ofrenda de Siecha y la interpretó como una representación de la ceremonia descrita para Guatavita. Su libro, que continuaba el interés por los muiscas difundido por el Barón de Humboldt, impactó a los sabios colombianos y europeos de la época. Uno de los grandes museos del mundo luchó por varios años para tenerla como el objeto más memorable del continente americano; pero cuando la balsa de Siecha fue a parar a manos del diplomático Salomón Koppel, este la vendió, legalmente en ese entonces, a un museo en Alemania: La pieza viajó a Alemania pero se perdió definitivamente para el mundo en un gran incendio ocurrido al llegar su barco al puerto de Bremen.
El hallazgo
Más de un siglo después, en 1969, el padre Jaime Hincapié Santamaría, párroco de Pasca, Cundinamarca, recibió la visita de Cruz María Dimaté, un campesino que, en compañía de su hijo, había hallado unas piezas de oro y cerámica en una cueva en el páramo entre las veredas de El Retiro y Lázaro Fonte. El padre Hincapié le mostró la ilustración de la balsa de Siecha en el libro El Dorado de Liborio Zerda, y el campesino le confirmó su parecido con las piezas que había hallado.
El párroco comprendió inmediatamente su importancia como patrimonio de todos y emprendió, incluso desde el púlpito, su defensa de la exportación ilegal y de la fundición. Logró intermediar para que el Banco de la República de Colombia adquiriera, en abril del mismo año, la pieza ofrendada por los muiscas en Pasca y la preservara para todos los colombianos. Conocida como la balsa muisca, se exhibió en el recién inaugurado edificio del Museo del Oro. Muy pronto se convirtió en un emblema nacional, y el Banco la divulgó en los billetes.
Nunca ha salido del país, ni siquiera en una de las ya 200 exposiciones temporales con las que el Museo ha dado a conocer nuestro patrimonio ante los ojos maravillados del mundo.
Otras piezas que la acompañaban
El recipiente cerámico que contenía este hallazgo. Tiene la forma de un chamán sentado en posición de pensar, con la mano en la barbilla, y se aleja un poco de los cánones más repetidos del arte cerámico muisca.
En este recipiente, acompañando a la balsa, se hallaron, como parte de la misma ofrenda, un recipiente y un poporo de cerámica, un fragmento de cráneo de felino y otro objeto de orfebrería con una figura semejante al cacique de la balsa (grande y adornado) y dos personajes de menor tamaño y jerarquía, pero que llevan aquellos gorros con aletas rectangulares que eran marcadores de prestigio entre los muiscas.
¿Qué representa la segunda pieza? ¿Es otra balsa, un "borrador" para indicarle al cacique que encargó la ofrenda cómo sería la obra maestra? Algunos la han interpretado como un cacique llevado en andas, puesto que los conquistadores reportaron que así se los trasportaba, sin que tocaran el piso.
Al mirarlos con detalle, los dos objetos comparten elementos del tema (los tamaños relativos de las figuras, la nariguera y diadema del cacique, los biombos con estandartes como abanicos) y elementos morfológicos (los calados o perforaciones triangulares). Pero no parecen hechos por una sola persona: la pieza menor prefiere adornar con calados, mientras que la balsa es una fiesta de hilos de cera que forman las figuras, las delinean o las decoran. Las piernas del cacique, por ejemplo, ¡son una selva de hilos!
Video de los detalles de la balsa Muisca
Características
El objeto conocido como la balsa muisca es, técnicamente hablando, una figura votiva (exvoto, ofrenda) en forma de balsa con personajes, mide 19,5 centímetros de largo por 10,1 de ancho y 10,2 de alto. Constituye una pieza excepcional por cuanto tradicionalmente se ha interpretado como la representación de la ceremonia de investidura del cacique del pueblo de Guatavita: la ceremonia de El dorado.
Sobre el centro de la balsa se encuentra un personaje de gran importancia y tamaño destacado que se interpreta como el cacique. Se lo ve ricamente adornado y rodeado por otros diez personajes menores. Algunos portan poporos, los del frente llevan dos máscaras de jaguar y maracas de chamán en sus manos, y en los muy pequeños que están al borde de la balsa puede reconocerse a los remeros.
La balsa muisca es claramente tridimensional. Es una escena compleja llena de detalles e ideas (¡poca gente sabe que el cacique está sentado en una silla!) y sin embargo fue hecha toda en cera y vaciada en una sola operación, sin partes o soldaduras.
Técnica
Pasca fue, junto con Guatavita, un pueblo de orfebres a juzgar por los múltiples elementos utilizados en los talleres de orfebrería que se han encontrado en la región: tubos de cerámica que servían para avivar el fuego al fundir el metal, lajas de piedra sobre las que probablemente se modelaba la cera de abejas y se hacían los hilos de cera con los que el orfebre armaba, como dibujando, sus figuras de un arte más aficionado a la segunda dimensión que a la tridimensionalidad. Luego cubría el modelo de cera con carbón molido y arcilla hasta formar un molde, calentaba para secar la cera (por eso lo llamamos "la cera perdida"), y en el vacío dejado por ella vertía el metal fundido, una aleación de oro y cobre. Rompiendo el molde, la pieza salía en metal tal como el artista la había concebido en cera.
La balsa fue fundida en una sola pieza mediante la técnica de la cera perdida en un molde de arcilla. El metal es oro de alta ley (más de 80%) con plata nativa y cobre en aleación. Es imposible determinar la fecha precisa de su manufactura aunque muy probablemente pertenece al periodo tardío de la cultura muisca que se ubica entre el 1.200 y el 1.500 después de Cristo.
Patrimonio de los colombianos
Este hallazgo reforzó los imaginarios alrededor de la laguna de Guatavita, que se convirtió en un importante centro de peregrinación. En el 2006, durante la construcción del sendero que la rodea, un obrero encontró bajo la tierra un recipiente cerámico que contenía cuatro piezas precolombinas. Sin saber qué hacer, se guardó las piezas de orfebrería en el bolsillo. El rumor se extendió rápidamente entre los vecinos, quienes le dijeron: “Estas piezas no le pertenecen a usted ni a la CAR, son patrimonio de nuestra cultura”, así que éste decidió entregarlas al Instituto Colombiano de Antropología e Historia.
La Corporación Autónoma Regional –CAR–, encargada de esta reserva, decidió suspender los trabajos en la laguna y dio aviso al ICANH del hallazgo para que arqueólogos autorizados investigaran el lugar y tomaran las decisiones correspondientes para la protección del patrimonio arqueológico. Un ejemplo de lo que debemos hacer todos los colombianos.
Entre los años 1972 y 1977 el Banco de la República de Colombia emitió una serie de billetes de dos pesos colombianos en los que se mostraba una ilustración de la balsa muisca.
Referencias
Véase también
Bibliografía
Enlaces en Banrepcultural
- [1] Historias de ofrendas muiscas
- [2] Museo del Oro de Bogotá
- [3] Museo del Oro Quimbaya
- [4] Museo del Oro Zenú
- [5] Museo Etnográfico
- [6] Museo del Oro Nariño
- [7] Museo del Oro Tayrona
- [8] Biblioteca Luis Ángel Arango
Enlaces externos
- [9] Biblioteca del Instituto Colombiano de Antropología e Historia
- [10] Muysccubun
- [11] La balsa Muisca en Google Arts Project.
- [12] 18 imágenes de detalle de la Balsa Muisca, en el proyecto Oro Azul del Laboratorio Imagine de la Universidad de los Andes.
- [13] La balsa Muisca
- [14] Los viajeros comentan la Laguna de Guatavita en Tripadvisor, también [15]La Catedral de Sal de Zipaquirá
- [16] Información sobre la laguna
- [17] Misión Guatavita, un juego de mesa del Museo del Oro
- [18] La forma como se utiliza el propulsor
- [19] La precisión y la posible fuerza de los dardos
- [20] Tiradera para arrojar dardos como deporte.
- [21] Jugar tejo
La leyenda de El Dorado: tras las huellas del ritual muisca
La leyenda de El Dorado ha cautivado la imaginación de aventureros y exploradores de todas las nacionalidades durante siglos. Es posible visitar el lugar que dio origen a esta historia, mientras se disfruta del escenario natural habitado por los muiscas.
La mítica leyenda de El Dorado hace parte de la cultura popular gracias a las diferentes representaciones que se han dado de esta. La podemos encontrar en películas, videojuegos, álbumes musicales y hasta animes, convirtiéndose en parte de la historia, no sólo de Colombia, sino de todo el continente. Esta leyenda representa una tradición de saberes y prácticas ancestrales que se llevaban a cabo entre la cultura muisca de la cordillera oriental de Colombia, en el altiplano cundiboyacense.
De todo el territorio muisca, lo que hoy se conoce como el municipio de Sesquilé era de gran importancia para la cultura ancestral, ya que ahí se encontraba uno de sus templos más representativos: la Laguna del Cacique Guatavita. Hoy, este lugar, junto con la Cuchilla de Peña Blanca, hacen parte de una reserva forestal resguardada por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), que se puede visitar para maravillarse con su riqueza natural y aprender de su importancia histórica.
El Dorado: lo que nos cuenta la leyenda

En la inmensa cosmogonía de los muiscas —civilización que floreció entre los siglos V y XVII d.C.—, Sua era el dios del sol y estaba casado con Chía, diosa de la luna. El primero dirigía cuatro mundos hacia arriba, representando lo masculino (fuego y aire) mientras que su esposa dirigía cuatro mundos hacia abajo, representando lo femenino (agua y tierra). Como creadores de todas las cosas, Sua y Chía eran ampliamente adorados: algunos de sus templos se encontraban en Sogamoso, Bacatá y Guatavita. En este último es que se desarrolla la famosa leyenda de El Dorado, en donde el futuro cacique o “Guatavita”, debía pasar por una larga preparación —que incluía nueve años de no salir en el día, no comer sal, picante, ni carne— antes de poder asumir su rol dentro de la comunidad.
El liderazgo dentro de la cultura muisca se heredaba de forma matrilineal, es decir, a través del hijo de la hermana del cacique. Para la “coronación” de un nuevo líder muisca, el prospecto era preparado con una mezcla de trementina, miel y barro pegajoso para ser cubierto posteriormente con oro en polvo, dándole una apariencia de hombre dorado. El futuro cacique también era adornado con collares, brazaletes, pectorales y demás accesorios de oro, así como su balsa llena de vasijas de barro cargadas con el preciado metal, semillas y esmeraldas. El ritual, que incluía cantos y ofrendas lanzadas a la laguna, constaba de llevar al próximo líder al centro del sagrado cuerpo de agua y sumergirlo como ofrenda a los dioses, para que luego saliera nuevamente a la superficie convertido en cacique.

Cuando los exploradores españoles se enteraron de los ritos y ceremonias en la que un rey era cubierto en oro y adornado con los más finos materiales, la leyenda comenzó a ganar fuerza. La interpretación literal de esta, sumada a la “fiebre del oro”, motivó a la realización de numerosas expediciones en búsqueda de El Dorado, fomentando también la exploración y conquista hacia el sur del continente. Durante años la laguna fue drenada y saqueada, lo que hasta hoy ha dejado cicatrices en la montaña. En ella se han encontrado muchos de los tesoros muiscas que hoy se exhiben en el Museo del Oro de Bogotá, el cual tiene la colección de orfebrería prehispánica más grande del mundo.
Un pueblo en armonía con la naturaleza

Los muiscas vivían en unión con su alrededor, reconociendo su interdependencia con la naturaleza a través de un complejo sistema de creencias y rituales que los conectaban espiritualmente con su entorno. Además, tenían conocimientos en agricultura, medicina herbal y astronomía impresionantes para la época. También cultivaban productos como maíz, papa y quinua, y su habilidad para trabajar el oro les permitió crear hermosas piezas de orfebrería
Si bien Sua y Chía regían los ocho mundos mencionados anteriormente, el noveno y último era el de los humanos, quienes tenían la tarea de mantener el equilibrio del planeta. Sin embargo, la profanación y posterior abandono de la laguna perjudicaron este lugar sagrado, al igual que al bosque nativo y la fauna y flora a su alrededor. Es gracias a la intervención de la CAR que hoy el ecosistema de páramo de la reserva forestal se ha recuperado y es posible el avistamiento de diferentes especies de aves y roedores, así como la preservación de una especie emblemática de los Andes colombianos: el frailejón.
De esta manera se ha buscado recobrar esa conexión profunda con la naturaleza, propia de las costumbres de las comunidades indígenas, su reverencia por la tierra y su entendimiento de la importancia de mantener un equilibrio con el entorno. Preservar y proteger este tesoro natural e histórico es una responsabilidad compartida para que futuras generaciones puedan seguir visitando la Laguna del Cacique Guatavita y maravillándose con la leyenda de El Dorado, que evidencia la rica cultura indígena colombiana.
Explora el origen de la leyenda con tus propios ojos

Guías y relatores de la CAR, algunos pertenecientes a la comunidad Muisca de Sesquilé, dando los recorridos por la laguna. Fotografía de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR)
La Laguna del Cacique Guatavita se ubica a 59 kilómetros de Bogotá, en el municipio de Sesquilé, dentro de una reserva forestal de 101 hectáreas y múltiples estaciones en las que podrás aprender sobre la cultura muisca, al igual que apreciar el bosque andino, el páramo y el verde azulado de las aguas de la laguna.
Si la visitas desde la capital del país puedes ir en vehículo particular o salir de la Terminal Satélite del Norte o la Terminal de Transportes de Salitre, con dirección a Sesquilé o Guatavita. Una vez en la reserva, y tras pagar el costo de ingreso, serás acompañado por un guía de la CAR quien te irá relatando la historia del lugar, ofreciendo datos sobre la cultura muisca, la fauna y flora del área protegida y, por supuesto, sobre la leyenda de El Dorado. Además de poder visitar este mágico lugar y escuchar todo acerca de la laguna, se invita a los visitantes a apropiarse de la riqueza natural de la reserva forestal, al igual que a conocer el Embalse de Tominé y el resto de atractivos de los municipios aledaños de Sesquilé y Guatavita, en donde aún perdura la cultura muisca.
La leyenda de El Dorado ha dejado una marca indeleble en la cultura y la historia de Colombia, convirtiéndose en una parte central del patrimonio de la región. A pesar de que existen versiones que mencionan una ciudad dorada aun oculta en alguna montaña de la cordillera, lo cierto es que la leyenda que hoy se relata, y que ha pasado de generación en generación, es un recordatorio de la riqueza espiritual y cultural de los muiscas y de otras civilizaciones precolombinas de las que aun tenemos mucho por aprender. ¡Déjate llevar por el encanto de la leyenda!
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